sordos

"¿No se siente culpable?", contaba Robert Moog que le preguntó un periodista poco después de que salió a la venta su más importante invento, un sintetizador que ese ingeniero neoyorquino bautizó con su apellido y que en poco tiempo revolucionó la música electrónica. El estupendo documental Moog —exhibido el sábado pasado durante el festival In-Edit— explicaba que en los años 70, cuando apareció esa máquina llena de perillas y sonoridades nunca antes escuchadas, el mundo acogía un inconducente debate sobre la posibilidad de que amplificaciones eléctricas tales como las que propagaba el rock tuvieran como consecuencia una generación completa de sordos.
La culpa ahora es de los iPod. Se reporta en los diarios europeos que los fonoaudiólogos reciben cada vez más consultas de jóvenes con problemas auditivos, y que el nivel de audición de varios de sus pacientes adolescentes equivale hoy al que debiese tener gente adulta. Apple presumía que algo así podía llegar a discutirse alguna vez, y construyó sus súpervendedores aparatos con límites de potencia de entre 100 y 130 decibeles. Una conversación normal tiene, según los expertos, unos 60 decibles; y es cierto que mi iPod jamás ha logrado tapar el ruido de las micros de Plaza Italia, incluso a máxima potencia.
Lo que jamás llegó a prever fue que algo así como el emblema del rock saturado se pasara al bando enemigo. Pete Townshend, guitarrista y principal compositor de The Who, declaró hace unos días que sus años de tour lo dejaron con fallas auditivas irreversibles, y que hoy debe darse recreos de tres días entre sesiones de grabación para recuperar un nivel aceptable. Según Townshend, "quien usa un iPod o cualquier cosa que se le parezca, puede estar a salvo... pero mi intuición me dice que lo más probable es que sufrirá graves problemas".
Se nos informa que Phil Collins ha perdido ya el sesenta por ciento de su capacidad auditiva (lo cual explica muchas cosas) y que George Martin, el eterno productor de los Beatles, no pudo producir el más reciente disco de su amigo Paul McCartney porque su oreja millonaria ya no funciona como antes. Si todos estos datos fuesen usados con inteligencia, podríamos crear una generación de rockeros más responsables con nuestro futuro. Gente que entendería que meterse en La Batuta y distorsionar las cuerdas hasta lo absurdo sólo se justifica dentro de un concepto artístico de peso, por el cual valga la pena poner en riesgo nuestra salud y felicidad.
Porque, al menos yo, me banco una vejez pobre y miope; pero en silencio, jamás.

7 Comments:
yo por lo general cada 2 o 3 años vendo mi reproductor de musica y me mantengo unos 6 meses sin audifonos en mis odios
no es ninguna receta. es solo una "intuicion"
es como dejar de fumar cada 7 años por 2 años o algo asi... en algun lugar lei que eso era no tan malo como fumar continuamente
donia Marisol...gracias por su post...y demas esta decir que su pluma es seria e inspiradora...cosa rara por estos lares.
suerte!
:::v:::
Hay algunos que no necesitan audífonos para andar por la vida como "sordos"...
¿Te sientes tocada por las líneas de la prolífera escritora Amélie Nothomb?... ¿Aquellas palabras insensatas que denotan suspicacias internas, tienden a capturar vuestra atención?... Sí es así, pégate una vuelta por mi guarida virtual.
¡Salu2 Sintonizados y Radiales!
Yo disfruto del silencio, al llegar a casa empiezo a bajar el televisor, apago la radio que me esperaba encendida. La música la disfruto manejando, espero que eso proteja mi audición.
pero los sordos de verdad viven en silencio o más bien escuchan una cosa amorfa continua sin sutilezas y a bajo volumen? lo digo de ignorante.
El problema es que los audífonos blancos que vienen con los iPod son pésimos, no aislan nada del sonido externo, lo que obliga a subir el volumen para escuchar, especialmente cuando andas en el metro o la micro.
El problema se soluciona comprando unos audífonos decentes que cancelen el ruido externo, lo que permite escuchar sin necesidad de tener que subir mucho el volumen.
Ahora entiendo lo de Phil Collins, absolutamente.
No, y sobre quedar sordo, me niego, no podría vivir sin el aparatito en mis orejas.
Saludos
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